Reflexión BLOQUE 4

 Es imposible negar que el mundo se ha digitalizado. Miles de millones de personas usan internet a diario, dejando consigo una gran huella digital que muestra la conducta de cada individuo ya sea por sus gustos, preferencias, forma de actuar,… 

La acumulación de estos datos a nivel global supone un registro del comportamiento humano que, a manos de las grandes empresas, les puede ser de una gran ayuda a la hora de conseguir sus objetivos.
Hablamos del Big Data. Tal es la magnitud de estos datos que aún se está buscando la manera más óptima de procesarlos sin perder información en el proceso, pues dependiendo de si estos datos están estructurados, no estructurados o semi estructurados, será más o menos sencillo hallar las claves de la conducta humana. Además, existen factores que dificultan su estudio como los bots, elemento del que se hablará más adelante.

A pesar de estas dificultades, las empresas están consiguiendo sacar provecho de esta gran recopilación de datos masiva. Uno de los casos más llamativos es el de Netflix, plataforma que en los últimos años ha crecido exponencialmente en parte gracias al estudio del comportamiento y gustos de sus usuarios. El algoritmo de Netflix está diseñado de tal manera que cada cliente ve lo que quiere ver, diseñándose incluso tráilers alternativos de un mismo producto para ser vendido a públicos a priori distintos. Además, la producción de series por parte de la plataforma está principalmente basada en la información acerca de gustos que el Big Data les proporciona pero, ¿es esto algo positivo? Limitar la producción de obras a unos datos que reflejan únicamente los gustos pasados del usuario podría suponer un problema a la hora de innovar, pudiendo generar así una coartación de la creatividad a los autores y autoras, lo cual es esencial a la hora de evolucionar artísticamente.

Pero… ¿por qué nos comportamos de esta manera en internet? ¿Por qué hacemos clicks? ¿Por qué determinamos una conducta? Parece ser que ni nosotros mismos como usuarios sabemos por qué, pero los algoritmos que se implementan con el Big Data sí.

Y es que, a parte de basarse en la gran huella digital que dejamos, las redes sociales están diseñadas de tal manera que se aprovechan de la propia naturaleza humana. La generación de dopamina en ciertas ocasiones juega en nuestra contra, generándonos una adicción distinta dependiendo de la plataforma que utilicemos. Así, Twitter te incita participar más y más a cambio de más reconocimiento en la red, Instagram juega con la necesidad de comparación social que tenemos los humanos, las plataformas de streaming o video bajo demanda saben qué recomendarte para que sigas consumiendo contenido,… Luchar contra este tipo de seducciones es difícil o (considero) prácticamente imposible, ya que el ser humano tiene la constante necesidad de socializar y, como se ha mencionado anteriormente, estas grandes plataformas juegan directamente con la naturaleza humana. Aún siendo algo difícil de combatir, creo que es importante, al menos, ser consciente de que es una realidad con la que nuestra sociedad convive y debemos ser críticos con ella aunque formemos parte del juego.

Un reflejo de que esta ruleta sigue girando es que cada vez son más y más los usuarios que conforman las distintas redes sociales, ya sean horizontales (o generalistas) o verticales (especializadas). Tanto es así que cada vez nacen más actividades de la vida cotidiana que se pueden hacer a través de internet y nuevas plataformas como informarse de las noticias (en vez de ir a comprar el periódico o poner los informativos de los medios de comunicación tradicionales), hacer compras (ya sea la compra mensual, ropa, juguetes,…), ocio (videojuegos online, estrenos de películas en streaming,…) o incluso tener citas. Son tantas las actividades que se están extrapolando al medio digital que incluso grandes pilares de nuestra sociedad como la economía o la política depende de forma esencial de lo que ocurra en internet.

¿Por qué el cómo nos comportamos en Internet, algo (a priori) ajeno a la sociedad “real”, ha terminado siendo una pieza clave para los intereses políticos? Creo que uno de los principios impulsores de este hecho es la regla de los tres grados de influencia, es decir, que nuestros pensamientos y conductas influencia en mayor o menor medida a aquellos que en nos rodea. Este principio en internet se multiplica exponencialmente, ya que la interacción con una cantidad grande de personas es algo más a la orden del día. Esta influencia a su vez se ve reforzada por la creación de filtros “burbuja”, es decir, que los usuarios de internet tienden a rodearse de personas que comparten las mismas ideas y pensamientos. Para más inri, a esto se le suma el conocido “sesgo de confirmación”, es decir, la tendencia a creer o dar veracidad inmediata a la información que confirma o refuerza las creencias propias sin la necesidad de contrastar dicha información, factor que utilizan las fuerzas políticas para usar estrategias como las fake news.
Este conglomerado de hechos dan pie a una sociedad que refuerza sus propias ideas gracias a lo que le rodea y lleva a una gran polarización. Ya que en el mundo de internet las cifras de individuos que se manejan son masivas, los partidos políticos ven en ellas una oportunidad para hacer campaña.
En parte, considero que internet es un buen medio para este tipo de estrategias, pues es un medio en el que (a día de hoy) la gran parte de la población tiene acceso, por lo cual no limita la entrada de nadie. Sin embargo, en las redes sociales lo que más prima es el sensacionalismo, una estrategia que funciona especialmente bien a la derecha y ultraderecha, lo que puede explicar el por qué de su auge en  los últimos años. Casos como la llegada de Trump a la Casa Blanca, la popularización del partido de ultraderecha Vox y el renacer de partidos similares en Europa se ha visto sin duda alimentada gracias a las redes sociales y su capacidad de difusión e influencia.
Y es lógico que tanto estos partidos como los opuestos intenten hacer campaña a través de internet, llegando a utilizar incluso los memes, un recurso a priori informal, para llegar a una audiencia más amplia, ya que ésta empatiza, ríe y, en definitiva, constituye una herramienta propagandística fuerte.

Como comenzaba diciendo en esta reflexión, es imposible negar la realidad que nos rodea y es inevitable entrar en el juego que la sociedad digital nos pone ante los ojos. Sin embargo, creo de vital importancia ser conscientes de esta realidad y conocer las estrategias de atracción, seducción y manipulación que utilizan contra nosotros las fuerzas políticas y grandes empresas para ser críticos con ellas y así evitar caer en trampas como puede ser el caso de la desinformación pues, aunque formemos parte de este engranaje, el permanecer totalmente ajenos a la realidad que hay detrás de él nos puede hacer retroceder como sociedad, haciéndonos manipulables y al servicio total de las grandes fuerzas políticas y empresariales. No es solo esencial para jóvenes como nosotros que nos dedicaremos a la comunicación y a la información, sino también para el ciudadano o ciudadana medio.

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